miércoles, 30 de septiembre de 2009


 I, a Little Story






El humano, una especie de ser vivo inconsciente de su alrededor. Solo tiene en mente sus necesidades, nada que esté en su alrededor se interpondrá en su camino, piensa que los objetos no son más que simples materiales unidos formando un solo cuerpo, no tiene ni el más mínimo presentimiento de que esos objetos que tanto utilizan, puedan llegar a tener un mínimo sentimiento. Somos maltratados como si fuésemos esclavos de sus tan preciadas vidas. Todo esto se debe a que un simple cuerpo no pueda tener la certeza de hablar ni tampoco expresar lo que siente.
Quizá lo que piense sea solo fantasía, después de todo, no conozco en detalle lo que me rodea, ya que solo puedo hacer un movimiento de noventa grados. Todos los días veo humanos caminando, con caras de desesperación, escuchando sus latidos del corazón, su rapidez debe agitarlos. Siempre me pregunto que será tener piernas y pies, que será correr hacia un lugar en especial. No me basta con solo verlos. Muchos tienen cara de sufrimiento, como que si vivieran para sufrir. No sabría explicar con precisión lo que se siente ser golpeado, empujado, y hasta orinado por las mismas personas que veo pasar todos los días frente a mi, ¿Será que bloqueo su camino? ¿Acaso no fui creado para eso? Hacer pasar a la gente cuando sea necesario, si llegan tarde, me fuerzan a moverme de mi lugar. Por lo general, en las tardes, los niños pasan atropellándose entre ellos, jugando carreras quien llega primero a su aula, quien saluda primero a su maestro o maestra. Puedo observar una mínima parte de sus vidas, pero puedo interpretarlas perfectamente. Han pasado muchas parejas, de la mano o abrazados, a veces hasta las dos cosas. Realmente me siento ignorado, no puedo parar de pensar que sería comunicarme con alguien o algo, me siento muy solo acá, mas por las noches. Me agarran de mi única mano llamándola "picaporte”. No sé para qué, puedo moverme solo. Solo tienen que pedirlo.
Todas mis quejas no tenían sentido hasta que un día, una muchacha menor de 20 años seguramente, cambió todos mis pensamientos. Me trató con tanta delicadez, realmente pensé que me estaba pidiendo permiso para pasar. Sus manos eran tan suaves como el piso recién encerado que alguna vez los porteros de la escuela limpiaron. El sonido de sus brazaletes al chocar, hacían una melodía, como una balada musical perfecta, su rostro era blanco, muy pálido, pero muy hermoso. Sus ojos eran grises, deslumbraban su belleza y su cabello completaba la hermosura de su mirar. Aún recuerdo esa mirada, con un punto fijo, era como que si la vida se basara solo en ese objetivo, llegar hasta ese punto. Fue entonces cuando todo mi algarrobo comenzó a temblar, no le di importancia, supuse que no tenía nada que ver con ella. Pero no pude dejar de pensar por un mes en su mirada, esa precisión con la cual ella caminaba. La vi pasar varias veces, supuse que su casa no quedaba muy lejos de donde yo estaba.
Un sábado, un grito aturdidor me despertó por la noche. Intenté ver que de donde provenía ese ruido, pero todo me lo impedía: Las columnas, los barandales, un tacho, era inútil, no veía nada. Hasta que escucho pasos acelerados, cada vez más fuertes, Era ella; la persona que tanto tiempo estuve pensando, aquella que me trató como nadie lo hubiese hecho. Salvo que eta vez, su cara era distinta... Tenía una cara de terror, asustada, junto con los gritos, hicieron de ella un humano diferente. Atrás de ella corrían dos hombres, que le gritaban: - ¡Quedate Quieta! ¡Te Movés y Te Mato! - Fue en ese momento cuando entendí que ellos no eran sus amigos, sino que querían algo de ella.
La agarraron, la tiraron al piso, la golpearon, hasta el cansancio yo lo único que podía hacer era mirar, no tenía cara para describir mi asombro, estaba indignado. En ese momento escucho una explotación ligera que duró menos de 1 segundo quizá. Los hombres quedaron completamente helados. Se miraron uno al otro y salieron corriendo sin dejar rastros ni palabras en el camino, dejándola a la pobre muchacha con su cuerpo tirada en el piso, con los ojos bien abiertos y sin mover un músculo. Nunca voy a olvidar esos gritos, su mirada de aterrorizada, y su remera blanca interrumpida por un círculo desparejo rojo.

No hay comentarios: